Un intercambiador de calor aire-aire transfiere calor entre dos corrientes de aire separadas sin mezclarlas. Generalmente, consiste en una serie de placas o tubos delgados de un material conductor térmico, como el aluminio, dispuestos para maximizar la superficie. Una corriente de aire (p. ej., el aire caliente de escape de un edificio) fluye por un lado, y otra (p. ej., el aire fresco entrante frío) fluye por el lado opuesto.
El calor de la corriente de aire más caliente pasa a través del material conductor a la corriente de aire más fría, calentándola. Este proceso recupera energía que de otro modo se perdería, mejorando la eficiencia de los sistemas de calefacción o refrigeración. Algunos diseños, como los intercambiadores de flujo cruzado o contraflujo, optimizan la transferencia de calor dirigiendo el aire en patrones específicos. La eficacia depende de factores como el caudal de aire, la diferencia de temperatura y el diseño del intercambiador, que normalmente recupera entre el 50 y el 80 % del calor.
La transferencia de humedad puede ocurrir en algunos modelos (p. ej., intercambiadores de entalpía), que utilizan membranas especiales para mover el vapor de agua junto con el calor, lo cual es útil para controlar la humedad. El sistema requiere ventiladores para mover el aire, y el mantenimiento implica limpieza para evitar obstrucciones o contaminación.